Por Emilio López Peña
Adentrarnos en el mundo de las lecturas, particularmente en las obras dedicadas al periodismo y la comunicación, resulta siempre fascinante, sobre todo para quienes ejercemos esta hermosa labor de informar. Con esa motivación, he decidido iniciar esta entrega de lecturas con un libro que retrata con pasión y oficio la esencia del reportaje: Yo Reportero, del periodista Pedro Flores Linares.
Publicado en 2010 por los talleres de Publidisa Mexicana, con diseño de portada de Montserrat Flores, esta obra representa, como se lee en su contraportada, una verdadera muestra de amor por el periodismo y, en especial, por el “rey de los géneros”: el reportaje. Pedro Flores Linares, nacido en el entonces Distrito Federal (Ciudad de México), construye a lo largo de más de 450 páginas un recorrido por historias urbanas que no solo informan, sino que conmueven y despiertan conciencia.

En palabras del propio autor: “El periodismo es una de las profesiones más fascinantes, pero también de las más mal pagadas. Pero la falta de pago se recompensa con muchas cosas que van más allá de la recompensa económica”. Esta visión vocacional atraviesa toda la obra, que no busca idealizar el oficio, sino retratarlo con sus luces y sombras. Flores Linares advierte: “Quien quiera ser reportero debe saber que va a padecer mucho (…), si llegan a algún sitio, debe aprender a mantenerse en el, no para cumplir, sino para trascender, esa es la vida del periodista”.
El cronista de Tepito, Alfonso Hernández H., quien firma el prólogo del libro, lo define con acierto como un viaje por la psique de los personajes retratados, un ejercicio de recuperación de espacios y voces marginadas. Para Hernández, este libro no solo informa: “amenamente rellena los vacíos de información en torno a muchos espacios y aconteceres de esta ciudad”.
Yo Reportero es, sin duda, un compendio que atrapa al lector por la diversidad y profundidad de sus historias. En sus páginas encontramos títulos como “Los hijos de Sánchez”, “El Palacio Negro cerró sus puertas”, “Los damnificados tienen su corrido”, “Drama y vida en los albergues”, y “Alipús a la luz de las velas”, entre otros más de cien reportajes que forman un retrato del México urbano, dolido y resistente.
Con un estilo claro y un marcado sentido humano, Pedro Flores nos conduce por historias de vida marcadas por el tiempo, el lugar y las circunstancias sociales. Sus relatos no solo informan: narran, conmueven, denuncian. Es aquí donde se percibe la maestría del autor: en su capacidad para convertir hechos noticiosos en relatos profundos, sin perder la rigurosidad periodística.
Esta obra es un valioso ejemplo del buen ejercicio del periodismo narrativo. Es, también, una invitación a reflexionar sobre la importancia de contar historias desde el terreno, desde la mirada del reportero que camina las calles, conversa con la gente y recoge verdades que muchas veces pasan desapercibidas.
Yo Reportero es, en suma, el resultado de muchos años de trabajo, de observación, de compromiso con la palabra y con la realidad. Es un libro grueso, sí, como señala su prologuista, pero también denso en humanidad. Una lectura indispensable para quienes aman el periodismo, pero también para aquellos que desean comprender mejor el país a través de las voces que pocas veces llegan a los titulares.