Por Emilio López Peña
En el Senado de la República, donde se supone que las diferencias políticas deben resolverse con argumentos, debate y altura de miras, las formas volvieron a quedar en entredicho.
La protagonista de la escena fue la senadora hidalguense Carolina Viggiano Austria, quien, tras el debate en tribuna, se trasladó hasta el escaño de su paisana, la legisladora Simey Olvera Bautista, para protagonizar un espectáculo que elevó la tensión en el recinto parlamentario.

El episodio no pasó desapercibido. Y es que cuando los argumentos abandonan la tribuna y las diferencias políticas terminan convertidas en confrontaciones personales, la discusión pública pierde seriedad.
El origen del desencuentro estaría relacionado con los señalamientos lanzados contra Viggiano, particularmente las críticas a su desempeño político y a su papel dentro del PRI.
Una cosa es responder desde la tribuna con argumentos y otra muy distinta es convertir el desacuerdo político en un enfrentamiento cara a cara.
Cuando el debate político se transforma en pleito personal, todos pierden.