* Este deporte permite desafiar roles de género y reclamar espacios tradicionalmente negados.
Pachuca, Hgo.- El fútbol femenil de barrio se ha convertido en un espacio de encuentro donde la práctica no solo responde a un gusto personal, sino que brinda a mujeres y personas LGBTQ+ la oportunidad de alejarse de entornos complicados, construir su identidad, y crear un sentido de comunidad, señala Beatriz Méndez de Dios, profesora por asignatura del Instituto de Ciencias y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
La docente Garza realizó su investigación a partir del documental Mujeres con Pelotas, que muestra el proyecto social La Nuestra, ubicado en la Villa 31, uno de los barrios más populares de Argentina. Este colectivo propone una manera distinta de vivir el deporte y la cultura desde la comunidad, creando un lugar que permite reflexionar, cuestionar y enfrentar las diversas violencias que atraviesan grupos históricamente vulnerados en su entorno cotidiano.

Asimismo, señala que el fútbol femenil de barrio se caracteriza por la pasión y la entrega de quienes lo practican, pues aunque comparte reglas con el fútbol profesional, su esencia radica en la experiencia diaria: canchas de tierra improvisadas y partidos que continúan pese a la lluvia. Para muchas, el terreno de juego se convierte en un refugio donde pueden ser ellas mismas, formar vínculos y encontrar un propósito que impulse sus estudios y aspiraciones.
En su día a día, las jugadoras enfrentan retos que van más allá del campo, persisten ideas patriarcales que dictan que deben quedarse en casa o que el fútbol no es para ellas, lo que complica su desarrollo personal y deportivo. A esto se suman las carencias propias del barrio: falta de recursos, disputas por espacios seguros y dificultades para financiar competencias, obstáculos que ellas superan mediante esfuerzo colectivo y compromiso.
Sin embargo, señala que los documentales, series y reportajes han sido clave para que el público reconozca la trayectoria y las luchas del fútbol femenil, pues permiten que nuevas generaciones encuentren figuras con quienes identificarse y valoren a las mujeres que han abierto camino en el deporte. Estos contenidos contribuyen a visibilizar historias antes ignoradas y motivar a más personas a involucrarse en distintas disciplinas.
Finalmente, Méndez invita a reconocer e impulsar estas iniciativas, recordando que el deporte tiene la capacidad de convertirse en un verdadero agente de transformación social al abrir caminos, generar nuevas oportunidades y fortalecer la voz de las mujeres en espacios históricamente limitados. Apostar por estos proyectos no solo fortalece a las jugadoras, sino que también enriquece al tejido colectivo al promover igualdad, respeto y un acceso más justo al deporte para todas.