Habitantes de Zempoala tienen a su “héroe cholo”, salvo a una persona de morir electrocutada

Por José Antonio Naciff Roldán

Pachuca, Hgo., Abril 30.-Tras rescatar a un trabajador atrapado por un cable de energía eléctrica de alta tensión, Félix Otero Aguilar fue ungido por habitantes de la cabecera municipal de Zempoala, como su “héroe cholo”.

Y en paradoja así la vida le planteó  la oportunidad de reivindicarse de su reclusión en el penal de Barrientos, en el Estado de México, donde purgó tres años al ser sentenciado.

Oriundo de la cabecera municipal de Francisco Indalecio Madero –en pleno corazón del Valle del Mezquital- Félix se muestra orgulloso de su origen y raíces indígenas que conserva a pesar de haber estado más de 13 años en suelo de la Unión Americana, como migrante indocumentado.

De estatura media, moreno y curtido por el sol muestra tatuajes en su cuerpo, que no son otra cosa que los nombres indelebles de “los hijos que Dios le ha dado” y presume el paliacate que a diario ata en su cabeza como “símbolo” de lo que significa “ser un mexicano en el extranjero”.

En la plática entrecierra los ojos en tanto rescata el recuerdo que –dice- le “taladra” el cerebro. Un recuerdo de vida familiar que siendo joven y luego de casarse le empujó a dejar su suelo.

“Viví una niñez como la de cualquier niño: llena de felicidad, pero también de carencias y marginación y una juventud dedicada al trabajo en el campo y a su tiempo formalicé unión con la que llegaron los hijos”.

Y afirma que ahí empezó su calvario. Por un embarazo riesgoso el “héroe cholo” debió vender el negocio –una carnicería- que a base de esfuerzo y puro corazón le “armaran” familiares y parientes en apoyo al nuevo matrimonio.

Su lenguaje lo combina entre el inglés, español y “xolo” que es una derivación de “algo” que por momentos –sinceramente- no entiendo, pero que deja visos de transculturización y el vaivén de identidad por haber vivido en el “gabacho”.

“Por eso me fui en busca del sueño americano –confiesa- para dedicarme al ramo de la construcción”.

Luego y con el paso de los años “y como los bueyes de lidia”, el deseo por volver al terruño.

Pero Al volver debería sortear otra prueba de su destino al enfrentar cargos por homicidio, que le valieron más de tres años en prisión.

“Y es que si me buscan, pos me encuentran paisano”.

Solo y sin familia enfiló pasos a su estado natal y hace un año arribó a la cabecera municipal de Zempoala, donde se estimó su empeño y dedicación y aunque no sin tiento y recelo también se mostró precavido con el hasta entonces “extraño” individuo.

Hasta ahí se le conoció bajo el simple mote de “El Cholo”.

AL EVITAR QUE SE ELECTROCUTARA UN COMPAÑERO NACE LE HEROE CHOL

A  sus 50 años y abstraído en “raspar” paredes y paredes de esa típica población de Hidalgo, donde autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia remozan en busca de que se le dé denominación como Pueblo Mágico, Félix Otero refiere como se convierte en un “héroe” popular.

“Trepado” en un andamio y apoyado con una barreta Félix cumplía la encomienda: desbastar el aplanado en la fachada principal de añeja casona en el centro de Zempoala, pero sin contar con equipo básico de protección como guantes, gogles y casco a pesar de que el trabajo se realiza bajo cables de energía eléctrica de alta tensión.

“De momento la barreta tocó uno de los cables del fluido y sentí como se me pararon los pelos, la boca se me torció, me dolieron los brazos y en mis venas la sangre pienso que se aceleró por la fuerza del putazo”.

Todo “turulato” pero sin lesión alguna Félix se convirtió en ese instante en el centro de burla de decenas de compañeros que acudían a mirarlo y lo tocaban, “para ver si hacían conexión”.

Entonces su apodo de el cholo viró al de descargas eléctricas, el alta tensión, el toques y el electrocutado, que más ahínco le dirigía Nicolás Hernández en un tono burlón.

Sin embargo 24 horas después a Nicolás Hernández le habría de tocar su turno al ser “atrapado” por le energía eléctrica que conduce el mismo cable de alta tensión –a escasos metros de la alcaldía del municipio- en tanto hacía la misma labor.

“No lo pensé y brinqué de un andamio a otro cuando Nicolás se iba a proyectar de cabeza al piso y aposté por jalarlo acostándolo en la cama que hace el tablado del andamio donde se convulsionó”.

Al saberse del lance en Zempoala sus habitantes de nuevo modificaron el apodo de este héroe anónimo que ya hoy mantiene con empeño y dedicación, a una mujer de 20 años de edad y a sus dos pequeños hijos recibiendo muestras de afecto y de cariño por salvar de una muerte casi segura, a Nicolás que desde entonces quiere ser su anfitrión.

“Sus hermanos quisieron darme una recompensa con varios miles de pesos, pero les he preguntado ¿que cuanto cuesta la vida? Y que mejor prendan una veladora para que la Santa Muerte de la que soy devoto, me llene de bendición”.

Por  eso en lo que Nicolás se recupera de la descarga que le dejó vómitos de sangre y una enorme cicatriz en la pierna derecha niños, varones, mujeres y quienes viven en Zempoala presumen ya de tener a su propio héroe cholo.

Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: